Your browser doesn’t support HTML5 audio

Por Hector Garcia

Mirando y sin analizar mucho, porque sólo van unos días, del arranque de la versión número 73 de la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana (Lidom), se observan diversas innovaciones y sobre todo rosters de jugadores talentosos.

Eso nos da una panorámica de que podríamos estar frente a uno de los mejores clásicos de la historia del béisbol otoño invernal criolla.

Así de simple: estadios llenos, ratings fabulosos de las transmisiones de radio, televisión e Internet. Esto, porque tenemos un béisbol de calidad.

Demás está resaltar los conocimientos del personal veterano y prometedores jóvenes de la crónica deportiva que tienen a su cargo llevar las incidencias de los juegos que llegan a cada rincón del país. Vayan nuestras felicitaciones para todos.

Por ende, la emoción y la pasión del fanático dominicano no pudo esperar, llegó desde los juegos inaugurales. Y qué bueno, que así sea, porque en la vida general de nuestro país, hay un vacío en cuánto a recreación y alegría.

El béisbol se ha encargado, por lo menos, de que durante unos meses, la mayoría de los dominicanos olviden sus penurias.

Es de asegurar que esa intensidad del fanático dominicano se mantendrá, porque los gerentes de nuestra pelota no duermen y sus jerarcas saben que no hay tiempo que perder, porque se trata de un torneo que exige ganar hoy y ganar mañana.

La Lidom y en especial su equipo ejecutivo encabezado por el doctor Vitelio Mejía Ortiz, deben sentir orgullo, por este histórico torneo que han puesto en marcha, con innovaciones al estilo de las grandes ligas de los Estados Unidos y de Japón.

Esto se ha logrado con grandes inversiones económicas, con selección de recursos humanos y capacitación, renglón que ha sido punta de lanza de la actual administración, la que llevó el arbitraje dominicano a los estadios de grandes ligas, con jóvenes rescatados en oscuros y lejanos pueblos del país.

¡Que satisfacción siento poder resaltar estos logros, sin favor, pero con honestidad