Your browser doesn’t support HTML5 audio

El antesalista  Junior Caminero (Escogido) aseguró que la educación debe estar por encima del béisbol para los jóvenes prospectos, al recordar que, pese a firmar como profesional, continuó sus estudios por insistencia de su madre y porque entendía que no todos alcanzan las Grandes Ligas.

“Quiero decirles a los jóvenes, continúen con la escuela… porque el béisbol no es todo. No todos van a llegar a las Grandes Ligas. La educación es primero, y luego el juego”, afirmó durante una entrevista en Sources Tell Jeff Passan.

Caminero, de 22 años, también sorprendió al reconocer que considera una bendición no haber recibido un bono millonario cuando era adolescente.

Explicó que un contrato de varios millones de dólares a los 16 años habría cambiado su mentalidad y posiblemente afectado su desarrollo como pelotero.

“Gracias a Dios gané 88 mil dólares y no dos millones. Si hubiera tenido ese dinero a los 16 años, probablemente no habría tenido la disciplina, ni el hambre, ni la concentración que tengo hoy”, expresó. “Ahora mis pies están sobre la tierra”.

El tercera base de los Rays recordó que su familia, aunque no disponía de grandes recursos económicos, nunca permitió que faltara lo esencial en su hogar en Santo Domingo.

“Mi mamá y mi papá trabajaron muy duro. Tal vez no tenían mucho dinero, pero siempre nos dieron todo. Nunca me faltó la comida”, dijo, al agradecer el sacrificio de sus padres durante su infancia.

Caminero también relató que uno de los momentos más difíciles de su carrera ocurrió cuando fue enviado a jugar a Australia siendo apenas un prospecto de 19 años.

Pasó las festividades de diciembre lejos de su familia y confesó que la soledad lo llevó a llorar en varias ocasiones.

“Ese fue el momento más difícil de mi vida en el béisbol. Estaba solo en un hotel mientras todos estaban con sus familias. Lloré mucho, pero eso me hizo más fuerte”, señaló.

El dominicano agregó que aquella experiencia terminó fortaleciendo su carácter y su preparación para las Grandes Ligas, convencido de que cada sacrificio tuvo un propósito.

“Mi mamá me dijo que fuera, que era una oportunidad que Dios me estaba dando. Hoy entiendo que tenía razón. Pasamos ese momento y ahora soy más fuerte gracias a todo lo que viví”, concluyó.